martes, 15 de marzo de 2011

El KI y yo.

Comencé mi estudio de artes marciales en 1989 en una disciplina que hacía énfasis en el concepto del KI y su cultivo con fines de salud, así como por su aplicabilidad en combate. Los años pasaron, los grados también y nunca vi manifestación alguna del dichoso KI, ni de parte de mi maestro, ni de ninguno de mis compañeros, ni de mi mismo. Un tiempo después, gracias a internet, en la época pre-youtube, fui maravillado por las demostraciones de Ueshiba Sensei y en vista de que para esas alturas practicaba yo un arte de lucha, me pareció fascinante la idea de desarrollar semejantes "poderes" para aplicarlos en mi propio favor. Hoy se que el KI no es más que una de las longitudes de onda de las que estamos compuestos y que de hecho es burda en comparación con otras vibraciones fundamentales y ha sido esta convicción, casi despreciativa del KI, la que me ha llevado por un misterioso camino de descubrimiento de manifestaciones físicas, cuya naturaleza no concuerda con mis capacidades técnicas ni fuerza muscular actuales. Resulta irónico, por tanto, que cuando "desprecio" el KI como búsqueda personal, sus manifestaciones se presenten ante mi como una madeja de hilo enmarañada. Soy como un nativo de Nueva Guinea a quien le ponen en frente una máquina de coser: La examinará, puede que incluso logre dilucidar su funcionamiento elemental, pero no sabe para qué sirve.

1 comentario:

feliciano jordan dijo...
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