lunes, 14 de marzo de 2011
Ley de atracción en el JUDO
Hace unos años declaré a viva voz que no estaba interesado en la difusión del JUDO, si esta suponía la formación despiadada y secuencial de competidores. Llegué a un punto es que quise ver el estudio y enseñanza del JUDO con un prisma antiguo, como un legado que entregaría a mis hijos y a algunos escogidos alumnos. Y así está resultando, porque poco a poco se ha ido despoblando mi tatami y cada día se hace más silencioso el Dojo. Hoy, evocando, me doy cuenta que no he hecho más que invocar la ley de atracción, tan famosa hace un par de años atrás, al ejercer este derecho a ser antisocial, ostracista y hasta egoísta con mi arte. Sigo sintiendo un extremo pudor a exhibir las virtudes de nuestro entrenamiento; pudor que se acrecenta cuando soy llamado "Sensei". Si, porque al principio no tenía más que compañeros de entrenamiento y estudio; gente con la que cotidianamente me reunia a realizar solidarios esfuerzos por avanzar en este duro camino de las artes marciales; no obstante, esto cambió al ser honrado con el cinturón negro, pues aquellos que me veían como compañero, ahora me veían como una especie de líder, esperando de mi enseñanza efectiva, ejemplo moral e incluso, ese grado de invencibilidad que poseen los maestros. Si esta es la carga del cinto negro, no la quiero. Por el contrario, quisiera recuperar a mis compañeros de práctica y estudio para volver a los tiempos en que se entrenaba sin etiquetas y con una honesta actitud de aprendices, "con el corazón del principiante", como decía un gran maestro. Declaro, entonces, mi renuncia a cualquier etiqueta de estatus marcial que el color de mi cinto me pueda dar. Renuncio en mi interior a los falsos títulos, para abrazar la más pura intención de aprender y desarrollarme, avanzando en este, el "Camino de la Suavidad".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario