jueves, 28 de julio de 2011
Sólo entre amigos.
Cualquiera que haya intentado regentar una microempresa estará de acuerdo con que resulta particularmente difícil perseverar en contra de todas las fuerzas que confluyen para detenerla. Cuando a principios de este año me volví repentinamente popular y nuestro club se llenó de gente fui víctima de mi propio éxito, generando proyectos, tanto de recurso físico, como de desarrollo deportivo del club. Al poco tiempo la realidad tocó a mi puerta, haciendo desaparecer a la mayoría de quienes habían llegado con las razones más diversas. El resultado: de pronto todos los proyectos quedaron sin sustento, porque definitivamente son las personas las que hacen los clubes, no los edificios donde estos funcionan. Abrumado por la falta de compromiso de parte del alumnado y cegado por el dolor de ser decepcionado nuevamente por varias de esas personas, tomé la desición de cerrarle la puerta del Dojo a todos quienes desaparecieron sin decir palabra y que coincidentemente eran los miembros adolescentes de la agrupación. Hoy trabajo tranquilo y sólo con adultos, resguardándome del peligro de nuevas decepciones. Hemos retrocedido varios años en el tiempo, a cuando éramos sólo un grupo de amigos que se reunían en un salón a practicar por amor al arte del JUDO, sin otras ambiciones que la promesa de bienestar que el arte ofrece. Sólo entre amigos.
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