sábado, 23 de noviembre de 2013
Valiente.
El karate fue mi primer amor en lo que a artes marciales se refiere... y fue un amor sufrido, lleno de dolor y de frustraciones, pero que afronté con entereza, convencido que era el camino correcto para mí. Justo cuando me consideraba bien entrenado y me había acostumbrado a los rigores del karate tradicional, mi vida dió un giro, alejándome del arte y poniéndome frente a la necesidad de re-encauzar mi gusto marcial. El Judo fue la disciplina escogida, a pesar de mi disgusto por tratarse de una expresión "caótica" en comparación con los rígidos esquemas técnicos del karate. Un entrenamiento diferente, con exigencias y bemoles distintos a lo vivido hasta ese momento terminó por marcar mi temor a la práctica; temor que determinó mi prematuro abandono del tatami a los meses de iniciada mi práctica. Decidido a persistir retomé mis entrenamientos en el siguiente ciclo académico, sin haber superado aun mis temores, ni mis críticas al sistema de trabajo. Esto provocó variadas somatizaciones en mí, incluyendo cefaleas, asma, colon irritable y neuralgias variadas. Hasta que mi Sensei me obligó a competir por primera vez, experiencia que modificó definitivamente mi percepción del entrenamiento, al darme a entender que todo lo vivido en al tatami tenía un sentido específico. Tras años de practicar a contra pelo por fin distinguía objetivos frente a mí. Uno de ellos era volcarme a la formación de nuevos judokas. Así fue que años después me inicié en la enseñanza del Judo con una premisa clara: Hacer del tiempo sobre el tatami una experiencia lo más amigable posible para los novatos, de modo de evitar la deserción por frustración o miedo. Hoy me dedico a convertir en judokas a personas comunes y corrientes, a diferencia de mis colegas dedicados a la captación de "talentos". Mi club se conforma de personas que, superando sus limitaciones, entrenan con dedicación y constancia, buscando la siempre posible superación personal. Mi trabajo como sensei es ponerlos en contacto con sus limitaciones, porque solo siendo conscientes de ellas, somos capaces de escoger superarlas. La valentía, entonces, no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar del miedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario