sábado, 21 de febrero de 2015

Mi casa, mis reglas.

En el entrenamiento del viernes, escaso de participantes, como ya describí en una entrada anterior, uno de mis alumnos me preguntó por qué se habían implementado restricciones al uso del Dojo en horarios extraordinarios. Mi respuesta fue bastante extensa, pues tuve que explicar que el origen de la medida era la necesidad de mitigar los daños que los usuarios extraordinarios le estaban provocando al Dojo, dado que la totalidad de éstos se habían provocado en mi ausencia, era de suponer que los culpables eran quienes entrenaban fuera de mis sesiones, por lo que se adoptó la medida de prohibir el uso del Dojo fuera de los horarios formales de entrenamiento. Sin embargo, la medida tiene también una segunda lectura: Y es que quiero impedir la formación de "facciones" dentro del Dojo; grupúsculos de judokas que, haciéndole el quite a mis sesiones, se junten a entrenar lo que quieran, cuando quieran y con quien quieran. Eso lo considero más inaceptable aun que la destrucción parcial de material de entrenamiento, pues supone un libertinaje que puede desembocar en lesiones, injurias e incluso faltas de respeto, como ya ocurrió en el pasado. Conclusión: Quien quiera entrenar en mi Dojo tendrá que aceptar mis reglas. SDD. Sensei Eduardo Osorio Nieto.

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