lunes, 9 de marzo de 2015
Lunes.
Hoy, como cada lunes, mientras los demás corren presurosos a sus casas en busca de consuelo y descanso tras la jornada de lunes, nosotros, los judokas nos dirigiremos al Dojo a ponernos nuevamente bajo el yugo del entrenamiento. La verdad es que muy a menudo tengo la misma intención que el común de los mortales, de ir a casa, comer algo, mirar tele y luego dormir; sin embargo, con la misma frecuencia, es el deber el que me conduce una vez más al tatami, a dirigir una clase más, aunque no lleguen todos los que debieran o quisiera, aunque los recursos no sean los adecuados y aunque mi cama me llame telepáticamente. Siento una especie de orgullo insano por ser de los pocos entre mis compatriotas que reservan tiempo y recursos a la actividad física; ésto debido a que con el paso del tiempo se hace cada vez más evidente que el deporte es una verdadera fuente de la juventud, pues mientras mis coetáreos cultivan una abultada panza y se mueven casi despreciando cada paso, yo aun puedo jugar con mis hijos. Hace no mucho tiempo atrás entrenaba motivado por la búsqueda de aquella expresión técnica que va más allá de las leyes newtonianas. Habiendo alcanzado un cierto grado de conocimiento en esas materias, debo decir que no sirve de nada, así que me tendré que buscar una nueva motivación para entrenar. Hoy, consciente de que los tiempos de Dios son perfectos, pongo mis dudas en sus manos y que la suerte del Judo angolino sea la que Él quiera.
SDD Sensei Eduardo Osorio.
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