viernes, 18 de marzo de 2011
"JUDO ni sente nashi"
"Karate ni sente nashi" (En karate no existe el primer ataque), reza una de las máximas de ese arte y que resume aquella postura estratégica de guardarse como exponente para estallar siempre en contraataque. Mis inicios en las artes marciales fueron en karate-do, de un estilo tradicional no deportivo, por lo tanto, nuestra formación era totalmente orientada a la obtención de capacidades de combate real, según los cánones originales del arte. Años después, cuando me inicié en el judo, lo que más se me criticaba no era precisamente mi calidad técnica o capacidad física, sino mi ausencia de intención de ataque, característica grabada a fuego tras mis años de karateca. ¿Cómo hice entonces para resetearme, de modo de enfrentar de mejor modo la práctica del JUDO? Pues nunca lo hice. Hasta hoy soy criticado por mi llamado "judo negativo" (judo defensivo) y sinceramente no me importa mucho, mientras sea yo capaz de inculcar las virtudes del judo ofensivo a mis dirigidos. Si, porque mi propia limitación me ha llevado a recopilar una serie de metodologías de modo de generar progresivamente y desde el minuto cero la capacidad de ataque en el judo; aunque sinceramente, repito, no me importe mucho, porque sigo prefiriendo ver el judo como un arte marcial que como deporte competitivo y, siendo así, "judo ni sente nashi" aplicaría perfectamente.
martes, 15 de marzo de 2011
El KI y yo.
Comencé mi estudio de artes marciales en 1989 en una disciplina que hacía énfasis en el concepto del KI y su cultivo con fines de salud, así como por su aplicabilidad en combate. Los años pasaron, los grados también y nunca vi manifestación alguna del dichoso KI, ni de parte de mi maestro, ni de ninguno de mis compañeros, ni de mi mismo. Un tiempo después, gracias a internet, en la época pre-youtube, fui maravillado por las demostraciones de Ueshiba Sensei y en vista de que para esas alturas practicaba yo un arte de lucha, me pareció fascinante la idea de desarrollar semejantes "poderes" para aplicarlos en mi propio favor. Hoy se que el KI no es más que una de las longitudes de onda de las que estamos compuestos y que de hecho es burda en comparación con otras vibraciones fundamentales y ha sido esta convicción, casi despreciativa del KI, la que me ha llevado por un misterioso camino de descubrimiento de manifestaciones físicas, cuya naturaleza no concuerda con mis capacidades técnicas ni fuerza muscular actuales. Resulta irónico, por tanto, que cuando "desprecio" el KI como búsqueda personal, sus manifestaciones se presenten ante mi como una madeja de hilo enmarañada. Soy como un nativo de Nueva Guinea a quien le ponen en frente una máquina de coser: La examinará, puede que incluso logre dilucidar su funcionamiento elemental, pero no sabe para qué sirve.
lunes, 14 de marzo de 2011
Ley de atracción en el JUDO
Hace unos años declaré a viva voz que no estaba interesado en la difusión del JUDO, si esta suponía la formación despiadada y secuencial de competidores. Llegué a un punto es que quise ver el estudio y enseñanza del JUDO con un prisma antiguo, como un legado que entregaría a mis hijos y a algunos escogidos alumnos. Y así está resultando, porque poco a poco se ha ido despoblando mi tatami y cada día se hace más silencioso el Dojo. Hoy, evocando, me doy cuenta que no he hecho más que invocar la ley de atracción, tan famosa hace un par de años atrás, al ejercer este derecho a ser antisocial, ostracista y hasta egoísta con mi arte. Sigo sintiendo un extremo pudor a exhibir las virtudes de nuestro entrenamiento; pudor que se acrecenta cuando soy llamado "Sensei". Si, porque al principio no tenía más que compañeros de entrenamiento y estudio; gente con la que cotidianamente me reunia a realizar solidarios esfuerzos por avanzar en este duro camino de las artes marciales; no obstante, esto cambió al ser honrado con el cinturón negro, pues aquellos que me veían como compañero, ahora me veían como una especie de líder, esperando de mi enseñanza efectiva, ejemplo moral e incluso, ese grado de invencibilidad que poseen los maestros. Si esta es la carga del cinto negro, no la quiero. Por el contrario, quisiera recuperar a mis compañeros de práctica y estudio para volver a los tiempos en que se entrenaba sin etiquetas y con una honesta actitud de aprendices, "con el corazón del principiante", como decía un gran maestro. Declaro, entonces, mi renuncia a cualquier etiqueta de estatus marcial que el color de mi cinto me pueda dar. Renuncio en mi interior a los falsos títulos, para abrazar la más pura intención de aprender y desarrollarme, avanzando en este, el "Camino de la Suavidad".
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